Ante la falta de gobierno, la solidaridad y hermandad como respuesta a los efectos del huracán ETA

Desde el día 31 de octubre el régimen había anunciado la preparación de las instituciones para dar respuesta  a la inminente llegada del Huracán ETA al territorio nacional a través de la Costa Caribe Norte, informando  en medios oficiales las acciones que tomarían para mitigar los daños. Pero la realidad ha sido otra. ETA entró  a territorio nacional y la atención brindada ha sido parcial en las zonas más afectadas y vulnerables como el  Caribe Norte y Triángulo Minero. Las afectaciones son graves en todos los ámbitos.  

Tras el impacto del huracán ETA por la ciudad de Bilwi y Comunidades indígenas aledañas, se comprobó que  la atención brindada ha sido mínima e insuficiente en la zonas más afectadas y vulnerables como el Caribe  Norte y Triángulo Minero. El impacto ha sido desbastador y las consecuencias son incalculables hasta este  momento. Algunas comunidades y barrios de la Ciudad de Bilwi se autoevacuaron para salvaguardar sus vidas. Aunque se dispusieron sitios de albergue o refugio, estos no se prepararon de manera que se garantizaran las condiciones de salubridad y humanas básicas, ni siquiera se previeron insumos para la protección  ante la pandemia por el COVID-19, que según expertos se encuentra en una nueva fase de contagios.  

De las comunidades indígenas del llano y litoral norte han reportado desabastecimiento y falta de atención  médica, la ayuda gubernamental es inexistente. Según información de integrantes de la Coalición Nacional  en las zonas afectadas, estas comunidades tuvieron que autoevacuarse y enfrentar la grave situación ante  el Huracán ETA, convertido hoy en tormenta tropical.  

Ante la inacción estatal, pobladores de Bluefields y de muchos otros municipios del país han organizado iniciativas de recolección de víveres y materiales necesarios para las familias damnificadas, mostrando la solidaridad que nos hace grandes como nicaragüenses a pesar de las crisis y el actual contexto. Sin embargo, una vez más, la reacción del régimen ha sido prohibir estas acciones de solidaridad y apoyo, amenazando  con criminalizar o clausurar los centros civiles y religiosos que han puesto su disposición para fungir como  centros de acopio.  

Tal es el caso del asedio e intimidación a una emisora que recolectaba víveres para las personas damnifica das, entre ellos menores de edad y adultos mayores, en el Caribe Norte. Asimismo, la prohibición hecha a  organizaciones que no son afines al gobierno, para que se abstengan de brindar la ayuda inmediata que re quiere urgentemente la población afectada, que cada vez aumenta más.  

Tras impactar el Huracán ETA, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) afirmó que más de 70 mil per sonas en el Caribe Norte estuvieron expuestas a los efectos del fenómeno climático, que ha generado fuer tes vientos y lluvias constantes, que sin un abordaje integral de emergencia puede derivar en brotes de enfermedades respiratorias, gastrointestinales y virales, que pueden ser mortal ante la ausencia de alimentos y agua potable.  

Sin ninguna compasión por la situación que viven las personas afectadas, el régimen y sus funcionarios públicos y partidarios se han dado a la tarea de hacer proselitismo político en medio del desastre. Es necesario  recordar que es obligación de todo Estado proveer atención y mitigar los daños causados por desastres naturales. Por ello, demandamos al régimen que se realicen todas las gestiones pertinentes para restablecer la energía eléctrica en las zonas del Caribe Norte, donde aún se encuentran sin este servicio de vital importancia. 

Denunciamos ante la ciudadanía nicaragüense y la comunidad internacional la falta de gobierno que estamos  viviendo. Exigimos al régimen Ortega-Murillo que implemente acciones urgentes para asistir de manera  oportuna a la población damnificada y permita a la ciudadanía llevar o enviar su apoyo solidario, que consti tuye un derecho humano y de amor por el prójimo en situaciones difíciles.  

No es momento de proselitismo político ni manipulaciones ante la tragedia que viven miles de nicaragüenses  en la Costa Caribe del país. Los efectos apenas inician, por lo que es tiempo de solidaridad entre nicaragüenses. En juego se encuentra la vida de miles de personas, que tienen un futuro por delante. Basta ya de  la negligencia como la cometida con la llegada del COVID-19 a Nicaragua.